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Programa piloto salvaría vidas y extremidades ante un nuevo peligro de drogas ilegales

Baltimore — Una joven con una sudadera rosa y el pelo rubio amarrado sujetaba una bolsa de plástico con 20 jeringas nuevas y una caja de naloxona, el antídoto contra las sobredosis de opiáceos. Jason Bienert, enfermero de un programa de intercambio de jeringas en el Condado Cecil, se fijó en su mano vendada y se ofreció a echarle un vistazo. Ella se negó y salió rápidamente hacia un coche que la esperaba.

“Esa fue la primera vez que la conocí”, dijo Bienert. “Sólo le di un poco de cariño y no la presioné”. Bienert esperaba que con el tiempo la joven confiara en él y aceptara la atención médica.

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El sabe que la necesitará porque, gracias a un nuevo programa de pruebas respaldado por el gobierno, ya sabe cuál es la causa de sus heridas.

Desde octubre, él y las enfermeras de otros siete programas de intercambio de jeringas de Maryland enviaron al Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Gaithersburg hisopos recogidos de consumidores de drogas callejeras. Los resultados revelaron un nuevo azote en la gran epidemia de drogas: la xilacina, un tranquilizante para animales.

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En todos los lotes analizados recientemente, la xilacina ha aparecido como parte de la mezcla de drogas. Se come la carne de las piernas, los brazos y, sobre todo, las manos de las personas.

“Saber a qué nos enfrentamos lo es todo”, afirma Bienert.

Añadió suministros para limpiar y envolver las heridas a los paquetes de jeringuillas y naloxona que se distribuyen en Voices of Hope, la clínica de Elkton en la que trabaja, además de guardarlos en la cajuela de su coche, que sirve como una especie de clínica móvil.

Los funcionarios federales creen que los proveedores de salud pública están obteniendo información única y detallada del programa, que está funcionando solo en Maryland como piloto.

El proceso –denominado Rapid Analysis of Drug (Análisis Rápido de Drogas), o RAD– fue usado inicialmente solo por las fuerzas del orden para determinar en tiempo casi real todos los ingredientes de las drogas ilícitas.

La heroína, que durante mucho tiempo fue la droga preferida de muchos consumidores, ha sido sustituida hoy en día por el potente analgésico fentanilo y por los aún más peligrosos análogos del fentanilo. Estos últimos son potentes opioides sintéticos producidos en laboratorio, y su uso ha hecho aumentar las sobredosis. Mientras tanto, los traficantes suelen utilizar agentes de combinación para extender o debilitar su producto. A veces es cafeína o paracetamol, pero a menudo es ahora xilacina.

El programa de pruebas piloto se centra en ayudar a reducir los daños. Su objetivo es mantener a las personas con vida hasta que reciban tratamiento.

Las drogas más potentes cobraron más de 100,000 vidas en Estados Unidos el año pasado. En Maryland, se produjeron 2,129 sobredosis por intoxicación en los primeros nueve meses de 2021, según los datos más recientes disponibles del departamento de salud del estado. El fentanilo contribuyó a casi el 84% de ellas. Las muertes cayeron en 2019 después de un incremento de un año, pero reanudaron una tendencia al alza tras el inicio de la pandemia de coronavirus al año siguiente.

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En Cecil, un condado rural en la frontera entre Maryland y Delaware, especialmente afectado, se multiplicaron por nueve las muertes entre 2008 y 2020.

Bienert pide a las personas que buscan jeringas limpias en Cecil que devuelvan las jeringas sucias y los envoltorios que contenían las drogas, normalmente bolsas de papel del tamaño de un dedo meñique. Se limpian los envoltorios y se envían por correo al laboratorio federal, donde los químicos usan un sistema llamado DART–MS, o análisis directo por espectrometría de masas en tiempo real. Es la misma tecnología que se usa para detectar residuos de explosivos en los controles de seguridad de los aeropuertos.

Por el momento, Bienert sabe a qué se enfrenta cuando ve sellos caseros en los envoltorios. Escribe sus nombres en un pizarrón en la entrada de la clínica: Quick Game 8, Hooked, Peace Pike, Prada. Al lado de cada uno, anota aquello que las pruebas demostraron, que las mezclas contienen xilacina.

En Cecil se ha corrido la voz de que eso es lo que está causando las heridas progresivamente crudas, negras y sangrientas en las manos de la gente. Las manos son un lugar popular para inyectarse drogas porque las venas son más fáciles de detectar allí que en otras zonas del cuerpo.

Bienert pide a los usuarios que limpien las puntas de las agujas después de llenar una jeringa pero antes de inyectársela para reducir la cantidad de xilacina que toca la piel. También recomienda lavar las zonas de inyección con agua y jabón, y utilizar vendas nuevas en las heridas.

Muchos adictos no se desaniman por las lesiones, ya que la xilacina puede amplificar los efectos del fentanilo, “dándoles piernas”, dice Bienert.

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Pero también disminuye su frecuencia respiratoria, poniendo en peligro no solo las extremidades, sino también la vida. Y el antídoto contra la sobredosis, la naloxona, no funciona con la xilacina.

April Tabor no sabía inicialmente lo que se había añadido a los fármacos que consumía, pero dijo que la adicción –y algo de vergüenza– le impidieron recibir tratamiento para las heridas de sus manos.

Esta mujer de 41 años siguió un camino común hace años, tomando opiáceos recetados para el dolor después de una colisión automovilística y volviéndose adicta. Cuando no pudo seguir pagando las pastillas, un novio la introdujo en las drogas callejeras fentanilo y metanfetaminas, aunque ella asume la responsabilidad de su consumo.

Vivía en un motel cuando conoció a Bienert. Conduce entre 500 y 1,000 millas al mes ofreciendo ayuda en moteles, casas abandonadas y callejones. Él pudo ver los daños en las manos de Tabor. Sin saber aún la causa, la convenció de que dejara de inyectarse drogas en la mano derecha, ya que es diestra. Esa mano acabó curándose, aunque la piel parece haberse derretido en un incendio.

Siguió inyectándose fármacos en las heridas de la mano izquierda y luego en el músculo una vez que ya no pudo encontrar las venas. Cuando buscó tratamiento para su adicción y la lesión, los médicos tuvieron que amputarle el brazo izquierdo por debajo del codo.

Nueve meses después, Tabor sigue recuperándose de su adicción y de la amputación. Está aprendiendo a usar una mano protésica electrónica y a reencontrarse con sus tres hijos, incluyendo un niño de cinco años que no conoció a su madre antes de que ella consumiera drogas.

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Tabor está interesada en reanudar su carrera en el servicio al cliente y formarse como consejera de iguales como los de Voices of Hope, que le proporcionaron agujas limpias y finalmente la ayudaron a recibir tratamiento.

“Parece bastante sencillo”, dijo Tabor. “Pero por mucho o poco tiempo que lleves haciéndolo, siempre parece un viaje imposible hasta que lo consigues”.

Ed Sisco, un químico que dirige el proyecto de pruebas en el NIST, quiere dar a Tabor y Bienert toda la información con la esperanza de que pueda ayudar. El laboratorio suministra el equipo de alta potencia al Estado de forma gratuita, y el Departamento de Salud de Maryland paga la factura del envío de los sobres.

Los funcionarios dicen que los laboratorios de drogas convencionales no pueden proporcionar la misma información.

El laboratorio del NIST solo acepta frotis de los envases de droga; las bolsas que los traficantes envuelven en la droga y las agujas se consideran peligrosas y plantean problemas de transporte.

Sisco dijo que el laboratorio rara vez encuentra ya heroína, identificando en su lugar formas cada vez más potentes de fentanilo como el fluorofentanilo, metanfetaminas, cocaína y otros estimulantes sintéticos conocidos como sales de baño.

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El laboratorio ha analizado hasta ahora unas 600 muestras de los dispensarios de Maryland. Solo se tarda uno o dos minutos, aunque el tiempo de respuesta depende de la entrega del correo entrante. Los resultados anónimos se vuelcan en una hoja de cálculo por ubicación para que todos los programas participantes puedan verlos.

“Podemos hacerles llegar la información rápidamente”, dijo Sisco. “Podemos empezar a proporcionar información sobre compuestos nuevos o más potentes, de modo que se puedan trasladar los recursos o se pueda alertar de que hay una nueva sustancia en la calle”.

Los funcionarios federales y estatales están estudiando cómo reducir aún más el tiempo de respuesta y ampliar el uso del programa dentro y fuera de Maryland, o incluso llevar equipos de laboratorio portátiles al terreno.

Eso aumentaría otros programas, como los que distribuyen simples tiras reactivas que identifican el fentanilo y un sistema de alerta en la ciudad de Baltimore que envía mensajes de texto a los proveedores y usuarios sobre un supuesto lote defectuoso. Esa información procede de los servicios de emergencia que no saben con precisión qué está causando las sobredosis que tratan.

“Hay diferentes agentes de combinación y eso es algo que nadie analiza”, dijo Sisco. “Resulta que esa información es casi tan valiosa como la información sobre las drogas que estábamos viendo”.

El Estado planea hacer un análisis para entender cuán útil es la información para los proveedores y los usuarios, dijo Robin Rickard, director ejecutivo del Centro de Mando Operativo de Opioides de Maryland.

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Pero ya cree que saber qué contienen los medicamentos que en cualquier momento puede tener un impacto. Los funcionarios pueden, por ejemplo, asegurarse de que los recursos se dirigen a los lugares correctos, como garantizar que la naloxona se distribuye ampliamente en las áreas con fentanilo mortal.

Además, dijo, algunos consumidores pueden calibrar su dosis si saben que tienen drogas más fuertes, o al menos prepararse para los resultados. Con la xilacina, ella y Bienert advierten a los usuarios que no dejan de tomar los fármacos que la contienen que los usen menos, que eviten las heridas abiertas y que busquen atención para las heridas.

“Quedó claro que necesitábamos una forma de entender el imprevisible mercado de las drogas, en lugar de obtener información después de que alguien falleciera”, dijo Rickard. “Si supiéramos lo que hay, pudiéramos ayudar a la gente antes de que sufran una sobredosis”.

El programa forma parte de una estrategia global que incluye recursos de educación, tratamiento y recuperación, así como la aplicación de la ley.

Rickard dijo que los datos de sobredosis todavía se están analizando, pero espera que muestren una ligera caída en las muertes en todo el estado a finales de 2021.

“Necesitamos todo lo que hay en la caja de herramientas”, dijo.


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