Por Marcelo Androetto

BELO HORIZONTE Brasil (Reuters) - Javier Mascherano tenía razón: es imposible que Argentina no sea "Messidependiente".

Pero lo que el elenco sudamericano tiene que lograr es encontrar variantes para cuando el pequeño delantero esté apagado o muy bien contenido, y el partido del miércoles ante Nigeria por el Grupo F puede ser la oportunidad ideal.

"Es imposible no ser 'Messidependiente'. Tenés al mejor del mundo y si no dependés de él ¿de quién entonces? (...) Si tenés al mejor vas a tratar de exprimirlo al máximo. Messi tiene que sentir que jugamos para él, para que explote sus virtudes", dijo Mascherano a una radio argentina días antes del Mundial.

Bosnia e Irán ya quedaron en el camino de la selección albiceleste, pero pese a las victorias y el pasaporte a octavos asegurado, el deseo de Mascherano permanece incumplido. Porque la actuación de Argentina fue floja en ambos partidos, y a todas luces no hubo un equipo que jugara para el astro del Barcelona.

Lo que sí hubo fueron dos obras de arte de Messi, sus dos goles, para cortar una sequía de siete cotejos mundialistas sin convertir.

Ante Bosnia, con un tanto de su marca registrada, lanzado en eslalon de derecha a izquierda para definir de zurda junto al palo. Y frente a Irán con otro zurdazo, esta vez a media altura, para romper el cero cuando el partido ya se moría y los asiáticos hacían historia. El restante gol argentino fue una cortesía de un defensor de Bosnia en contra de su propio arco.

"Leo es Leo y siempre aparece en los momentos en que ninguno aparece", reconoció Angel Di María.

Sellado el sufrido triunfo en Belo Horizonte ante Irán, el técnico Alejandro Sabella había afirmado: "Por suerte contamos con un genio como Messi, que quisieran tener todos y por suerte lo tenemos nosotros".

Pero que Argentina dependa tanto de su estrella implica grandes riesgos para su objetivo de apropiarse de la Copa del Mundo después de 28 años, ya que una lesión o un mal día del “Pulga” podrían dejarla fuera de carrera.

Con los octavos de final a la vuelta de la esquina, ya no existen redes de contención para un paso en falso.

El propio Messi estuvo “desaparecido” durante la mayor parte de ambos partidos, pero dijo presente en los momentos justos para que la albiceleste festejara.

Los tan declamados "cuatro fantásticos" –el atacante del Barca, Di María, Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero- jugaron juntos el segundo tiempo en el Maracaná y durante 75 minutos en el Mineirao, pero salvo en un par de ocasiones en Río de Janeiro, el circuito de ataque que tantos réditos le dio a Sabella en las eliminatorias permaneció desactivado.


POCA ACTIVIDAD

Algunos ejemplos: ante Irán, Messi y Agüero, una pequeña sociedad entre dos amigos, se dieron un pase cada uno. En tanto, el 10 le dio cinco pases a Di María y éste entregó la pelota en tres oportunidades. A Higuaín, Messi lo encontró en cancha dos veces y el ariete se la tocó al capitán en tres ocasiones. Pocos encuentros para nombres tan lujosos.

"Todos vamos a empezar a subir nuestro nivel, esto recién empieza y lo importante en este momento era ganar los partidos y clasificar. Todos queremos seguir mejorando, desde el arquero hasta el delantero, para que le pueda ser un poco más fácil a Leo", apuntó el domingo Di María.

Pese a todo, el jugador del Real Madrid culpó a la falta de espacio por las dificultades en la generación de juego de Argentina, algo que probablemente su equipo vuelva a sufrir en alguno de sus próximos partidos.

Ahora llegan nuevos desafíos para el equipo de Sabella. Por lo pronto, ante Nigeria, adueñarse del primer lugar del grupo -le basta un empate para conseguirlo- y lograr un buen funcionamiento colectivo sin Messi en cancha o con el delantero en un mal día.

En Porto Alegre, Argentina tendrá dos desafíos: mejorar su pálida imagen y mostrar que puede contradecir a Mascherano, uno de sus grandes emblemas, y dejar de lado la "Messidependencia".


(Editado por Javier Leira)