Perdido en la mala traducción

Hace poco estaba escuchando Abbey Road, de The Beatles, y cuando llegué a "Mean Mr. Mustard" me acordé de que, en el disco de vinilo original que se editó en Argentina, la canción estaba traducida como Significa Mr. Mustard. Por ese entonces yo no hablaba inglés, así que no sabía que el malo y vil no era el señor Mustard, sino el traductor.

Eso me hizo acordar de infinidades de malas traducciones no sólo en los nombres de las canciones, sino también en títulos de películas. Y entre la memoria propia, algunas cosas de mi biblioteca y los buscadores de Internet, me he encontrado con una buena cantidad de disparates para ponerlos a todos juntos en una columna.

Para seguir con los Beatles, su arranque en Argentina había sido antológico, ya que en agosto de 1963 se editó aquí el primer simple de "Los Grillos" (sí, así como se lee). A los pocos meses, cuando la Beatlemanía había explotado en Inglaterra, se editó rápidamente el segundo simple, también con el nombre de esos insectos, con las canciones Ámame ("Love Me Do") y "Por Favor Yo", horrible traducción para "Please, Please Me".

Los desatinos continuaron, como resultado de una mezcla de desinterés, ignorancia y censura. Y así los argentinos escuchábamos discos de "Ricardito" (Little Richard) y de los ingleses de The Who, aunque a éstos había que encontrarlos bajo la denominación de "Los Búhos" (por lo cual calculo que Pete Townshend le hubiera roto la cabeza con su guitarra al traductor). A fines de esa década de los 60's, en el Álbum Blanco de los Beatles, Paul McCartney había cantado "Blackbird", una metáfora de la lucha por los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos. Probablemente alguien le dijo al traductor que "Blackbird" era "Mirlo", y también probablemente éste lo anotó mal, porque el resultado final fue que se editó como "Míralo".

En 1976 llegó la última dictadura militar y la censura se impuso en todos los órdenes, lo cual dejó otras traducciones para el recuerdo. Rod Stewart, con su voz ronca, cantaba "Hot Legs", pero aquí se las redujo a "Piernas Sugestivas". The Ramones cantaban "Needles and Pins", pero eso podía llevar a algunos a la drogadicción, con lo cual terminó en "Espinas y alfileres". Aunque el non plus ultra fue "Cocaine", de J. J. Cale y grabada por Eric Clapton: la compañía editora intentó hacerla pasar como "Kokein", a ver si la trampa fonética la salvaba de la censura, pero no hubo caso. Y como no había manera de traducirla, directamente la sacaron del álbum "Slowhand" (1977).

Las películas también han tenido (y tienen) sus traducciones espantosas. Me acuerdo de "An Officer and a Gentleman", con un jovencito Richard Gere y un final hollywoodense de manual, que se tradujo como "Reto al Destino". Y de la encantadora "Sleepless in Seattle", que aquí fue "Sintonía de Amor". Ni hablar de "The Sound of Music", en la bucólica campiña austríaca, que nos llegó como "La Novicia Rebelde".

Las malas traducciones no se le achicaron ni al duro de Tarantino, cuya "Pulp Fiction", aquella reivindicación de John Travolta, terminó en "Tiempos Violentos". Ni a aquella numerosa jauría de "101 Dalmatians", que aquí se conoció como "La Noche de las Narices Frías".

Aunque lo máximo tal vez haya sido aquella película de Sofia Coppola, en que Bill Murray llegaba a Japón a filmar un comercial y mostraba un expresivo estupor cuando intuía que las traducciones eran incompletas. De eso se trataba, y por ello la película se llamaba "Lost in Translation". Aunque claro, como las cosas no pueden ser perfectas, aquí se la llamó "Perdidos en Tokio". ¿Habrá un ejemplo más irónico?

Mauricio Llaver es director de la revista Punto a Punto en Mendoza, Argentina.

fl-es-opi-llavercol-0502-20140430
Advertisement

PHOTO GALLERIES

TOP VIDEO

CONNECT WITH US


2013 YEAR IN REVIEW
Look for this special section in your
Baltimore Sun newspaper on Dec. 29, 2013.
  • Twitter
  • Facebook
  • Instagram
  • Google Plus
  • RSS Feeds
  • Mobile Alerts and Apps